11.06.2026

Tecnología sueca hecha en España, para el mundo: Los centros de I+D de Ericsson en Madrid y Málaga dan soporte a operadores en más de 100 países.

Hay colaboraciones que van más allá de los negocios. La de Suecia y España en el mundo de la tecnología y la innovación es una de ellas

Hay colaboraciones que van más allá de los negocios. La de Suecia y España en el mundo de la tecnología y la innovación es una de ellas: una relación construida a lo largo de más de un siglo que, lejos de agotarse, vive hoy uno de sus momentos más apasionantes.

Ericsson nació en Estocolmo en 1876. Pero si hoy preguntamos dónde se diseña una parte del futuro de las comunicaciones móviles del mundo, la respuesta nos lleva a España, concretamente a Madrid y a Málaga. En estas dos ciudades, casi 1.000 ingenieros e investigadores de Ericsson trabajan cada día para desarrollar las tecnologías que conectan a miles de millones de personas en todo el planeta.

Son centros de investigación y desarrollo de primer nivel mundial, los mismos laboratorios donde se están diseñando las redes móviles 5G de las que todos disfrutamos hoy y también las que usaremos mañana, incluyendo la tecnología 6G.

La colaboración entre Suecia y España en este ámbito funciona porque cada uno pone sobre la mesa lo que mejor sabe hacer.

Suecia tiene una cultura empresarial profundamente orientada a la innovación, una visión estratégica a largo plazo y décadas de liderazgo en el desarrollo de estándares tecnológicos globales. No en vano, empresas como Ericsson, que en 2026 celebra sus 150 años de historia, han sido protagonistas de cada gran revolución en la historia de las telecomunicaciones y las redes móviles.

España, por su parte, ofrece algo igualmente valioso: talento técnico de altísimo nivel, universidades con una sólida tradición técnica y un ecosistema científico e investigador en plena ebullición. Los centros de I+D de Ericsson en Madrid y Málaga no son una excepción importada, sino el resultado natural de apostar por ese capital humano.

Es fácil perderse entre términos como «5G», «inteligencia artificial» o «redes cognitivas». Pero detrás de cada uno de esos conceptos hay algo muy concreto de lo que cualquier sociedad y toda la ciudadanía se beneficia: llamadas y videollamadas que no se cortan, hospitales que monitorizan pacientes a distancia, vehículos que se comunican con su entorno para aumentar la seguridad, fábricas que se gestionan de forma automatizada y más eficiente.

El centro de I+D de Málaga trabaja, precisamente, en enseñar a las redes móviles a «pensar» y a tomar decisiones autónomas: a detectar problemas antes de que ocurran, a optimizarse automáticamente, a volverse más eficientes sin que nadie tenga que intervenir. El centro de Madrid lidera el desarrollo del núcleo de las redes 5G —donde reside la inteligencia y la gestión— a escala global, y ya tiene la vista puesta en lo que viene después: el 6G.

En conjunto, estos equipos dan soporte a 380 operadores de telecomunicaciones en todo el mundo, que a su vez prestan servicio a cerca de 3.000 millones de personas.

Lo más revelador de esta historia no es lo que ya se ha conseguido, sino la dirección en la que apunta. En un momento en que Europa busca reforzar su autonomía tecnológica y su competitividad global, la alianza entre la innovación y el talento sueco y el español representa exactamente el tipo de colaboración que el continente necesita.

Suecia y España son, en muchos sentidos, países distintos. Pero en la convicción de que la tecnología debe estar al servicio de las personas, y en la capacidad de aunar rigor, creatividad e impacto real, forman una alianza para el éxito y el desarrollo de las sociedades.